miércoles, 3 de mayo de 2017

GELATINA [Reto de escritura 17]

Otro día más… Desde que aquel hombre me llamó de forma tan insistente y me hizo levantarme, cuando por fin creo que había encontrado la postura, he perdido la noción del tiempo. Noto el cuerpo como… ¿cuál sería la palabra? Caducado. Eso es. Incluso me parece que ayer mi brazo izquierdo tenía un poco más de carne que hoy…

Acabamos de llegar a una pequeña ciudad, cercana a un bosque. Me da la sensación de que la gente que vive aquí sabía que veníamos. Si no, no me explico la decoración tan adecuada que han colgado en las fachadas de todas las casas. La verdad es que se agradece que te reciban así de bien. Incluso han puesto algunas fotografías de nosotros. O de alguien que se nos parece mucho. Qué amables.

Pero no puedo distraerme con esto. Debo ponerme en marcha ya, aprovechar que todos están ocupados repartiéndose la comida. Si se enterasen de lo que hago cada vez que llegamos a un nuevo poblado me echarían del grupo. O algo peor. Y, la verdad, es que me encuentro bien con ellos. Al menos me comprenden y no me siento tan extraña. Si me desterraran no duraría ni un asalto, con mi fatal sentido de la orientación y este olor a rancio que arrastro y no sé de dónde viene. Yo no soy, desde luego.

Me escabullo por detrás de una casa justo en el momento en el que se escucha el primer grito. No puedo ni verlo. Vagabundeo durante un rato por los jardines traseros de las casas, mientras en las calles el barullo es cada vez más ensordecedor.

Trato de concentrarme en mi misión: buscar algo de comer. Y sé lo que estáis pensando: la comida está exactamente en la otra dirección, justo donde los gritos y los crujidos. Pero esa comida no es para mí. Entendedme, no voy a criticar a nadie por sus costumbres culinarias, pero tampoco puedo renunciar a mis principios así como así. Aunque, para ello, tenga que actuar en las sombras como si fuera una delincuente. Como os he dicho, me importa bastante lo que mis compañeros piensen de mí. Me caen bien y los necesito para subsistir, aunque me da pena no poder compartir con ellos el mejor momento del día, el de la comida. Ahora son algo así como mi familia, mi manada.

Echo un vistazo por las ventanas, en busca de algo que echarme a la boca. Las nueces son mis favoritas, pues su forma y su textura son bastante similares a la comida con la que debería alimentarme, aunque la coliflor tampoco me disgusta. Cuando no encuentro nada parecido, no me queda más remedio que ayunar. Aunque, en realidad, tampoco me importa demasiado. No es que sienta hambre o algo parecido.

Sin embargo, hoy parece que estoy de suerte. Ni siquiera me creo que sea real cuando lo veo a través de un cristal lleno de vaho. Rompo la ventana con una piedra y me cuelo dentro de la cocina. La mesa está llena de platos con dedos, caras de momia y ojos fuera de sus cuencas. También hay una especie de pastel con unas letras escritas encima: H-A-L-L-O-W-E-E-N. No sé qué significa, a lo mejor antes lo supe, pero no me acuerdo. Es probable que ni siquiera sepa leer ya…

Todos esos manjares parecen deliciosos, pero no es a por lo que he entrado.

En la encimera, sobre una bandeja transparente hay un cerebro, ahí enterito y sin ser vivo recubriéndolo al que hacer daño. Sólo me queda comprobar una cosa más… Me acerco. No, no huele a carne. Ni siquiera tiene aspecto de carne. Meto el dedo y lo pruebo. Sabe como a… ¡fresa! ¡Un cerebro hecho de fresa! Desde luego, hoy es mi día de suerte. Con una sonrisa, que apuesto a que sigue siendo muy agradable, tomo el cerebro entre las manos y vuelvo a la mesa. Le pongo por encima unos cuantos pelos de pasta que encuentro en un bol y lo aliño todo con una de las jeringuillas de sangre que hay en la mesa, que estoy bastante segura de que es salsa de tomate.

Entonces regreso a la parte delantera, a la calle principal, donde mis compañeros se están dando un buen festín. Me quedo ahí, lo suficientemente cerca para compartir con ellos el momento, pero no tanto como para que puedan sospechar. Y me zampo mi cerebro de fresa con toda la felicidad que alguien como yo puede experimentar. Si es que es posible alguna.

Y es que la vida de un zombi vegano no es nada fácil. Os lo aseguro. Intentadlo y veréis…

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