viernes, 31 de octubre de 2014

Rutina de ave nocturna

Una noche más. Las farolas iluminando Madrid y el nudo de su corbata adornando impecable el uniforme. El búho enciende sus brillantes ojos. Él pulsa el botón y da por iniciada la jornada.
Ahí está ella, como cada noche. Agarra el asidero de la puerta y asciende con dificultad. Introduce el billete en la canceladora y se acomoda en su asiento. Tras un buen rato se detienen en Cibeles. Saluda a la diosa con una inclinación de cabeza, pero no se apea; desde días atrás tiene permiso para no hacerlo.
Unos minutos después se levanta y valida su billete para un nuevo viaje. Las varices le arden, pero enseguida recupera su puesto. En algunas ocasiones regresa a casa tras el primer viaje; en otras, repite el trayecto. Depende de la noche...
Aprovechando un semáforo en rojo, la mira de soslayo. Arrellanada en su asiento, mantiene los ojos acuosos fijos en la ventanilla. Sabe en qué está pensando. Se afloja un poco la corbata. Un nudo se forma en su garganta al recordar la confesión que la anciana le hizo aquella noche en la que por fin se atrevió a preguntarle por su extraña rutina: «Desde que mi marido se fue no puedo dormir. No sé hacerlo sin él…».
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*Relato presentado al concurso aniversario de la EMT

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