jueves, 27 de febrero de 2014

Princesa sin corona

Sus ojos marrones observaban la tira de espumillón morado que alguien había colgado sobre el marco de la puerta. Le gustaba; el morado era su color favorito. Hizo una mueca y pasó suavemente un dedo sobre el esparadrapo que cubría el catéter de su cuello; después de tanto tiempo ya no le dolía, pero le picaba un poco. Levantó despacio el brazo y acarició distraída su nuca; todavía le resultaba extraño el tacto de su cuero cabelludo desnudo. Entonces, por fin, se decidió a hacer la pregunta que llevaba varios días rondando su mente y llenando su alma de preocupación: 

—Mamá, ¿crees que los Reyes Magos saben que estoy aquí?

La mujer se descubrió la cara, que había tenido oculta entre las palmas de las manos desde que regresó de hablar con el doctor, y observó a la pequeña con los ojos hinchados y enrojecidos. Se levantó de la incómoda butaca, obligó a sus músculos a forzar una sonrisa, acarició con dulzura las mejillas de su hija y le susurró al oído:

—Por supuesto que sí. Son magos. Ellos lo saben todo…

La niña sonrió, se recostó en la cama de hospital y cerró muy fuerte los ojos.

 

  *Relato presentado al concurso Navidad Alternativa 2013

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