martes, 3 de julio de 2012

Martín y las piedras mágicas


Martín y las piedras mágicas
Hace algún tiempo, en un pequeño piso de una gran ciudad, vivía Martín con su madre y su hermano pequeño.
Meses atrás, sus padres habían decidido separarse y desde entonces Martín veía que su madre siempre estaba triste. La mujer no conseguía encontrar trabajo y se lamentaba día tras día por la falta de dinero y la debilidad de su salud. Además, su padre había empezado a salir con una mujer diez años más joven que él.
Cada tarde, después de terminar de hacer los deberes del colegio, Martín bajaba al patio del edificio donde vivía y pasaba el rato jugando con otros niños del vecindario.
Una de esas tardes, decidieron jugar a piratas. Sobre una hoja de papel dibujaron un mapa que marcaba el camino hasta una enorme X. Martín, sin que nadie se diese cuenta, dibujó una X en la arena y, haciendo uso del mapa, guió a sus amigos hasta allí. Por el camino, tuvieron que luchar con feroces cocodrilos y tiburones. Con ayuda de las palas y los cubos de los niños más pequeños, todos comenzaron a cavar en el lugar señalado, imaginando que encontrarían un cofre lleno de joyas y monedas de oro. Unos minutos más tarde, la mayoría de los niños se cansaron de los piratas y decidieron empezar un partido de futbol.  
En cambio Martín vio la ilusión en la cara de su hermano y decidió seguir cavando a su lado. Para su sorpresa, enseguida se toparon con algo duro. Lo desenterraron con cuidado y se dieron cuenta de que era un pequeño cofre dorado. En su interior no había oro ni tampoco joyas, si no unas pequeñas piedras de color negro.
Los dos hermanos corrieron a casa con el cofre en las manos.
– ¿Para qué sirven? –preguntó el hermano pequeño.
– A lo mejor son mágicas. Seguro que las enterró ahí un mago hace muchos años –respondió Martín.
La voz de su madre, que les llamaba a la mesa, interrumpió la conversación.
Después de cenar, los dos niños volvieron rápidamente a su habitación para seguir investigando las piedras. Sin embargo, les resultó imposible encontrarlas. Martín, preocupado, corrió hacia la cocina.
– ¡Mamá! ¿Sabes dónde están mis piedras mágicas?
– ¿Piedras mágicas? –preguntó la mujer un poco molesta–. Hijo, la magia no existe. Eso que teníais en la habitación no era más que basura, así que lo he tirado. ¡A saber de dónde lo habéis sacado!
Al oír aquello, Martín se puso a llorar desconsolado. Entonces sonó un fuerte estruendo y del cubo de la basura comenzó a crecer una enorme planta de girasol que bruscamente se fue abriendo paso por la cocina hasta terminar rompiendo el techo. Una vez fuera, la flor siguió creciendo sin parar hasta más allá del cielo.
Martín, sin pensarlo dos veces y sin dar tiempo a que su madre dijera nada, comenzó a trepar por el tallo de la flor, con su hermano pequeño subido en sus hombros. Tras muchos minutos de ascenso, encontraron el final del tallo justo encima de las nubes. Se bajaron de él y se sorprendieron al comprobar que allí, sobre un mullido suelo de color blanco, había un mundo muy diferente al suyo: bonitos peces plateados revoloteaban sobre su cabeza, enormes hormigas paseaban junto a él, un grupo de pájaros nadaba en un estanque… Martín se fijó en un cartel en el que ponía con letras muy grandes MUNDO AL REVÉS.
De pronto, mientras paseaban observando todo lo que les rodeaba, se vieron sorprendidos por una personita que corría hacia ellos.
– ¡Por fin has llegado! –exclamó el enanito mientras abrazaba una y otra vez a Martín.
– ¿Cómo dices? –preguntó el niño, que no entendía nada. 
– ¡Llevábamos meses esperándote! Pero ahora por fin estás aquí y nos ayudarás a liberar a nuestra reina.
Martín no entendía nada, pero aún así, se subió a un pequeño unicornio de color azul que le ofrecía el enanito y los tres galoparon hasta llegar a la entrada de un bosque. Allí estaban reunidos todos los habitantes de aquel mundo, que le recibieron con un sonoro aplauso.
– Nuestra reina fue secuestrada por un malvado gigante y ninguno de nosotros ha conseguido liberarla. Por eso te estábamos esperando impacientes. Sabemos que tú tienes la respuesta –le dijo el enanito a Martín justo antes de darle un suave empujón hacia el interior del bosque–. ¡Buena suerte, amigo!
Los niños comenzaron a andar muy despacito por el bosque. Martín estaba asustado, pero no podía decepcionar a aquellas criaturas que tanto confiaban en él. Aunque, en realidad, no tenía nada claro que él pudiese vencer a un gigante…
Varios minutos más tarde, localizó a un enorme gigante tumbado en el suelo con un libro entre las manos. A su lado, había una pequeña muchacha con una preciosa corona de flores. Martín, seguido por su hermano, se acercó a ellos y habló en voz alta.
– Señor gigante, soy Martín y vengo a rescatar a la reina del Mundo Al Revés.
El gigante cerró el libro que estaba leyendo, marcando con un palito la página por la que iba, y se levantó para mirar al niño.
– Muchos otros han venido antes que tú y no han sido capaces de darme la respuesta. Si consigues solucionar la adivinanza que voy a proponerte, dejaré libre a la reina: ¿Quién es? ¿Quién es? El que bebe por los pies.
Martín se quedó pensativo y tratando de razonar. Miró a su alrededor y enseguida se dio cuenta de cuál era la respuesta.
– ¡El árbol! –gritó feliz–. En mi mundo los árboles toman el agua por las raíces, que allí son los pies de la planta. Aquí, al estar al revés, esa adivinanza no funciona. ¡Eres un tramposo!
El gigante, enfadado y sorprendido por la respuesta del niño, no tuvo más remedio que liberar a la reina.
Cuando los niños y la reina regresaron a la entrada del bosque, todos los habitantes aplaudieron y le dieron las gracias a Martín. El enanito le dijo que a cambio, le concedería un deseo. Martín sabía muy bien lo que quería y se lo dijo al enanito al oído, justo antes de regresar a casa.
Al día siguiente, la madre de Martín recibió una llamada de una empresa que le ofrecía trabajo. Además allí conoció a un hombre con el que meses después comenzó una bonita amistad.
Desde entonces la madre de Martín no volvió a tener problemas de salud ni de dinero y los tres vivieron muy felices.

*Adaptación moderna del cuento clásico “Las habichuelas mágicas” que presenté a un concurso de cuento ilustrado, colaborando con la ilustradora Gema Bonales.


2 comentarios:

  1. Me encanta el cuento original y me encanta tu adaptación! ^^

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  2. Me encanta como escribes y como has conseguido una nueva adaptación tan bonita.
    El primer dibujo es *___* Me encanta Martín, jaja.

    Felicidades por ese talento que tienes ^__^

    Yo estoy intentando escribir cuentos infantiles y eso, pero uff, no sé como quedará todo.

    Besitos!

    PD: ¿Son cosas de mi navegador o hay párrafos que salen más abajo? Es que por ejemplo donde dice 'Se levantó para mirar al niño' el 'para mirar al niño' a mi me sale más abajo en otro párrafo. Quizás mi pc flipe xDD No lo descarto. :p

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