viernes, 22 de junio de 2012

Delicious [Parte 2/2]

Delicious
― Vale, mantén la calma ―se dijo Marcos a sí mismo―. Hoy es jueves y la cena es el sábado. Todavía tienes dos días para prepararte.
A decir verdad, no necesitaba mucha preparación. Conocía a Carla perfectamente. Se sabía de memoria su fecha de nacimiento, su color preferido, dónde le gustaba ir de vacaciones, cuáles eran sus aficiones… También sabía que era una chica dulce, cariñosa, tímida pero después muy lanzada cuando llegaba el momento. Conocía incluso a sus anteriores novios…
Se puso a revisar su armario. No quería desentonar por ir demasiado arreglado pero tampoco quería que Carla pensara que era un adán. Finalmente eligió un pantalón azul marino y una camisa azul cielo. El azul era el color preferido de Carla.
Pasó las dos noches siguientes imaginando cómo sería su encuentro. Cómo ella le tomaría de la mano dulcemente para entrar en el restaurante. Cómo comenzaría una entretenida charla en la que, poco a poco, irían colándose los piropos y las insinuaciones. Cómo… 
La tarde del sábado llegó por fin y Marcos estaba nervioso, nerviosísimo. Se miró en el espejo durante más de una hora, reprochándose a sí mismo estarse comportando “como una chica”. Pero aquella era su noche. Llevaba varios años deseando conocer a Carla y aquella noche, por fin, iba a tenerla sólo para él. Era increíble.
Llegó pronto al lugar acordado y, mirándose en el cristal de un escaparate, se alisó la camisa y se arregló un poco el pelo. Poco después, un hombre de unos treinta y pico años se acercó a él y le preguntó si era Marcos. Él asintió.
Era el manager de Carla, que empezó a darle instrucciones sobre cómo debía transcurrir la cena; cosa que no le gustó en absoluto. ¿Quién era aquél hombre para decirle cómo debía comportarse en su cita? Carla llegaría a las nueve y diez, diez minutos más tarde de lo acordado, y posarían los dos frente a la puerta del restaurante para los fotógrafos de ‘Delicious’. Después entrarían al salón y volverían a posar para el reportaje de la revista. Una vez que les sirviesen la comida volverían a tomar algunas fotografías y, cuando hubieran terminado, un reportero le entrevistaría para que contase cómo había sido la experiencia. ¡Fantástico! ¿Y cuándo podría estar a solas con Carla? Debía tratar de alargar al máximo la duración de la cena.
Cuando pasaban diez minutos de las nueve de la noche, un taxi se detuvo ante la puerta del restaurante. De él descendió la maravillosa Carla Millán, enfundada en un minivestido negro. Marcos no había tenido tiempo de asimilarlo, cuando se vio arrastrado hasta la puerta del local y deslumbrado por varios flashes. No entendía muy bien qué pasaba pero estaba feliz. Aunque no le había dado tiempo casi ni a mirarla, estaba posando junto a Carla Millán, como su pareja de aquella noche, y eso era más de lo que podía haber imaginado nunca.
De pronto, la chica le agarró de la muñeca y, sin mediar palabra, le arrastró al interior del restaurante. Era un local realmente elegante. Tenían una mesa preparada en una esquina, para evitar a los cotillas y a aquellos que anhelaban su minuto de fama. Se sentaron uno frente al otro y por fin pudo mirar a Carla a la cara. Se dio cuenta de que vestía su mejor sonrisa, esa que a Marcos tanto le gustaba. Le estaba sonriendo, o eso pensaba hasta que una voz desde detrás de él dijo: ― Gracias, señorita Millán. Es suficiente por ahora.
En ese momento Carla borró la sonrisa y se quedó mirándole con una expresión que Marcos no supo descifrar.
― Hola, soy Marcos ―dijo el chico, intentando romper la tensión del momento―. ¡Menudo lío! Ni siquiera habíamos tenido tiempo de presentarnos ―el chico se levantó y se acercó a Carla para darle dos besos. Ella, ni siquiera hizo ademán de levantarse.
Marcos regresó a su silla y aprovechó para observar a Carla con detenimiento. Primero su cara, no quería ser maleducado ni que ella pensara que sólo le interesaba por una cosa. Llevaba el cabello recogido en un moño, que dejaba varios mechones sueltos a ambos lados de su cara. Su piel era morena… bueno… las veinte capas de maquillaje que llevaba eran de un tono moreno. Marcos se preguntó con qué tipo de rodillo se habría aplicado aquel potingue. Su sonrisa seguía totalmente desaparecida desde que el fotógrafo se había retirado. Sus ojos sí eran los mismos, aunque creía recordarlos un poco más grandes y brillantes. Disimuladamente, bajó un poco los ojos… ¡Aquello sí que lo recordaba mucho más grande!
El muchacho recorrió el salón con la mirada. Carla era guapa, sí, claro que lo era, pero no más que cualquier otra chica de las que estaban allí sentadas o de las que se había cruzado por la calle mientras acudía a su cita. La única diferencia era que ellas no salían en la tele.
Marcos carraspeó mientras trataba de buscar un tema de conversación para matar aquel silencio que empezaba a ahogarle.
― Te sigo desde que empezaste en aquella serie de médicos pero, sin duda, mi papel preferido es el que haces en la película de Menéndez.
― Gracias ―respondió Carla sin mucho interés.
― ¿Y qué tal va el rodaje de la nueva peli?
Carla suspiró, sin siquiera tratar de disimular su aburrimiento.
― Un rodaje más. Como cualquier otro ―respondió, mientras observaba detenidamente sus uñas pintadas con un esmalte rojo que hacía juego con sus labios.
En ese momento, un camarero se acercó a ellos con dos platos y una botella de vino. Instantáneamente, dos fotógrafos aparecieron de no se sabe muy bien donde. La sonrisa de Carla también volvió a brotar sin demora.
Cuando los fotógrafos se hubieron retirado, Carla empezó a comer y Marcos intentó volver a sacar un tema de conversación pero no se lo ocurrió nada.
― Voy un momento al servicio. Perdona.
Carla levantó un momento la cabeza para observarle y después siguió comiendo.
Marcos se miró al espejo. Estaba nervioso y desconcertado. También un poco triste. Aquello no estaba resultando como había planeado. La chica de sus sueños no se parecía en casi nada a aquella que estaba esperándole en la mesa. Suspiró. Tenía que sacar aquello adelante. Era su noche y pensaba aprovecharla. Sabía que Carla era tímida en un primer momento y, por ello, debía ayudarla a coger confianza. Regresó al comedor con energías renovadas. Mientras se acercaba, vio a Carla por detrás, sentada en la silla, y a su manager acuclillado junto a ella. Se acercó despacio, para no llamar la atención y, al escuchar lo que estaban diciendo, el corazón se le partió en mil pedazos.
― Estoy harta. ¡Quiero irme de aquí!
―Carla, aguanta media hora más. Después el chico contará que todo ha sido maravilloso. Te va a venir muy bien.
― Pero es que no entiendo por qué tengo que hacer estas cosas. No me gusta. Prefería estar en cualquier otro sitio.
Marcos no pudo seguir escuchando. Giró por entre las mesas y salió del local. Una vez fuera echó a correr, alejándose deprisa de allí, sin volver el rostro ni una sola vez.
****
El lunes llegó demasiado rápido, sin apenas dejarle tiempo para asimilar lo que había sucedido. Había perdido a su diosa de la manera que más daño podía causarle: mediante una enorme decepción.
Marcos estaba apoyado en la pared del instituto, esperando a que llegase la hora de entrar. Había comprado el nuevo número de ‘Delicious’ y estaba ojeando el reportaje de su fatídica cita, asombrado y molesto. Las fotos eran fantásticas. Aquella sí era la Carla que estaba acostumbrado a ver. Deslumbrante, perfecta y sonriente. Incluso él estaba más guapo de lo normal. Pero lo peor fue cuando llegó a la página en la que estaba su entrevista, una entrevista que jamás había realizado y en la que decía que lo había pasado genial, que Carla era una mujer maravillosa y que estaba muy agradecido a la revista por la oportunidad que le habían dado. Otra mentira más creada por los medios. De pronto una voz le sacó de su ensimismamiento.
 ― ¡Buenos días, Marcopolo!
Marcos no necesitó levantar la cabeza para saber quién le saludaba de aquella manera; lo hacía cada día. Cerró la revista de golpe y la escondió detrás de la espalda.
― Buenos días, Beapís ―respondió él, sonriendo.
Aunque no la vio, supo que ella también sonreía. Beatriz era su compañera de clase, de pupitre y de biblioteca. Siempre se sentaban juntos en clase y en época de exámenes compartían horas de estudio.
― ¿Qué tal tu fin de semana? ―preguntó la chica con voz burlona.
Marcos iba a levantar el rostro para contestarla pero súbitamente detuvo su mirada en los pies de ella, cubiertos por unas zapatillas blancas. Sus ojos comenzaron a ascender por sus piernas, desnudas gracias a unos cortos pantalones vaqueros; tenía una pequeña cicatriz en la rodilla izquierda. Alcanzó su cadera, que era ancha, y subió por su torso, desde donde le observaban los ojos de Bob Esponja estampados en una camiseta amarilla. Sonrió pícaramente a esos, en aquella ocasión, poco prominentes globos oculares. Enseguida llegó a su rostro y a su expresión escéptica. Pero no le hizo caso. Se fijó en su piel, igualmente pálida y salpicada por algunos rebeldes granitos, pero totalmente limpia de maquillaje. Sus labios, bastante gruesos y rosados. Sus ojos no eran excesivamente grandes ni llamativos, pero aún así eran perfectamente capaces de expresar todo lo que recorría su mente y su alma. Y su pelo rizado, recogido a los lados con algunas horquillas y con el flequillo recto cubriéndole la frente.
Definitivamente no era perfecta. Pero ¿qué es ser perfecto? ¿No es, sino, sentirse a gusto consigo mismo? ¿Ignorar lo que pueden pensar los demás? ¿Sentirse libre? ¿Ser natural?
― ¿Por qué me miras así? ―preguntó Beatriz desconcertada.
Marcos sonrió y sacudió la cabeza.
― Porque eres preciosa y nunca te lo había dicho.
La chica elevó las cejas y sonrió.
― ¡No digas tonterías, Marcopolo!
― No son tonterías. En serio, lo eres ―respondió él, totalmente seguro de aquella afirmación.
― Vale ―le cogió suavemente de la mano y tiró de él―. ¡Anda, vamos a clase!

fin


11 comentarios:

  1. Me gusta! :D Previsible, pero me gusta! :D

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    1. Previsible porque me conoces y sabes lo que pienso de estas cosas :P

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  2. Me ha encantado esode que Carla no fuera como el esperaba, pasa practicamente a diario, muchísimos fans se llevan decepciones con sus artistas, has sabido plasmarlo muy bien :)
    y el mensaje final del relato me ha encantado :)

    Un besito^^

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    1. ¡Gracias! Me alegra que te haya gustado. Tarde o temprano yo tenía que escribir algo sobre este tema :)
      Un beso!

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  3. Me gusta, desde el minuto uno estaba pensando este Marcos esta "flipao" xDDD A ver, ¿quien no se ha imaginado en una situación así con su ídolo? Pero por favor un poco de realismo y coherencia jajaja la verdad en es que cuando yo he imaginado situaciones así con alguna celebridad que me gusta o simplemente pensar en que decirle en 5 minutos, mis pensamientos han sido totalmente opuestos xDDD Aunque a parte de que Marcos tenía una idea en la cabeza un poco... fuera de la realidad por decirlo de alguna manera, menuda chica... le ha salido un poco borde xDDD

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  4. Magnífico el giro, me ha sorprendido. :)
    Me alegra leer más cositas tuyas.

    Besos

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  5. Ya se veía venir.. pero bueno, si ha de suceder para que Marcos valore lo que tiene al lado.. qué hay mejor??

    Tan magnífico como siempre chica, ya lo sabes!

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